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El verdadero significado de ser bruja

Monografía para diplomado de Sexualidad, Consejería y Terapia Sexual, CESCH

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Resumen


El lenguaje es el responsable de otorgar significado a los elementos tanto tangibles como intangibles de nuestra realidad. Las palabras que decidimos utilizar son, por lo tanto, las responsables de crear dicha realidad, y por ende tienen la capacidad de cambiarla. En esta monografía exploramos cómo la palabra bruja ha sido utilizada a lo largo de la historia para desacreditar y estigmatizar a las mujeres que buscan empoderarse dentro del contexto de una sociedad patriarcal y cómo esto afecta a la mujer desde un punto de vista de psicoanálisis relacional.  


Las mujeres han sido llamadas brujas por utilizar la medicina natural, por involucrarse en la medicina reproductiva, por demandar sus derechos en igualdad a los hombres y básicamente en cualquier situación donde se salieran del esquema impuesto por una sociedad machista, sexista y misógina. 


Es por ello que invito a redefinir el término bruja y asociarlo a aquellas mujeres a las que hoy llamaríamos feministas: mujeres empoderadas de libre pensamiento que buscan igualdad y equidad como miembras de esta sociedad. 



Introducción


“Somos las nietas de las brujas que no pudieron quemar”. Una frase que leo en cada libro que habla del feminismo, el empoderamiento femenino, y la igualdad de género. La frase hace alusión a la inquisición católica y otros movimientos religiosos, culpables de quemar a mujeres bajo la presunta justificación de que dichas mujeres eran brujas. En un tiempo donde la religión dictaba la moralidad, y los líderes religiosos (que siempre eran hombres) dictaban la religión, no es sorprendente que a una mujer se le tildara de bruja solo por no conformarse con el régimen religioso. 


Personalmente creo que la facultad de utilizar el lenguaje es la habilidad más poderosa de los seres humanos. Las palabras conllevan significado, y con esos significados tenemos la capacidad, en misma medida, de herir y de sanar. El mismo órgano (la lengua) que se mueve para felicitar a una niña por un trabajo bien hecho es capaz de moverse para insultarla y hacerla sentir inferior e incapaz. A lo largo de la historia podemos ver cómo ciertas palabras (y sus significados) han cumplido funciones de elevación y marginalización en misma medida. 


Por ejemplo, Bernardo O’Higgins es considerado el padre de la patria chilena. Sus acciones en pos de la independencia de nuestro país lo inmortalizaron en la historia como uno de los fundadores de Chile. Sin embargo, Bernardo nació fuera de la institución del matrimonio, y como hijo ilegítimo se le tildaba con la palabra “huacho”. Este no era un término descriptivo tanto como un término despectivo. No se utilizaba esta palabra como adjetivo calificativo para describir las cualidades, la personalidad, las creencias o el carácter de O’Higgins, sino simplemente para hacer alusión a su estatus como hijo ilegítimo. Todo un ser humano reducido a un simple término despectivo.


Otro término que ha sido utilizado en la historia de forma despectiva es la palabra “bruja”. Sin embargo, una misma palabra puede tener distinto significado dependiendo del contexto en el que es aplicada o, mejor dicho, a quién es aplicada. El término “viejo brujo” hace referencia a un personaje sabio, avanzado en años, que puede tener un caracter senil propio de la edad. No así el término “vieja bruja”, que inmediatamente da la impresión de una mujer desagradable, mañosa, soltera e indeseable. Un gran ejemplo de esto es la bruja del 71, de la serie de televisión “El Chavo del Ocho” de los años 70’. El mismo término es entonces utilizado de forma desigual para describir características en hombres y mujeres.


Esto tampoco debería sorprender, considerando que vivimos en una sociedad patriarcal, machista, sexista, y misógina. Quiero definir estos términos que acabo de utilizar para que exista la mayor claridad posible a lo largo de esta monografía. Todas estas definiciones fueron extraídas de Oxford Languages.


El patriarcado se define como el predominio o mayor autoridad del varón en una sociedad o grupo social. 


El machismo es la actitud o manera de pensar de quien sostiene que el hombre es por naturaleza superior a la mujer o de quien desprecia rasgos o comportamientos considerados típicamente femeninos.


El sexismo es la actitud discriminatoria de quien infravalora a las personas del sexo opuesto o hace distinción de las personas según su sexo.


Y la misoginia es la aversión a las mujeres o falta de confianza en ellas.


En otras palabras, vivimos en un mundo que es de hombres, por hombres, para hombres y que además inferioriza y discrimina a las mujeres, solo por el hecho de ser mujeres (o no ser hombres).

Volviendo al término “bruja”, creo que es importante analizar el impacto de esta palabra y su relación con la opresión de la mujer en un contexto patriarcal. Voy a abordar esta problemática desde una perspectiva del psicoanálisis relacional y la sexualidad relacional. El psicoanálisis relacional dicta que la forma en la que percibimos a otros, y como otros nos perciben altera y crea la realidad de forma constante. Y nosotros, siendo seres sexuales, llevamos la sexualidad como eje de desarrollo con nosotros mismos y con otros.


Es importante abordar este tema desde la perspectiva del psicoanálisis relacional y la sexualidad relacional puesto que, si las palabras que elegimos crean realidades, entonces las palabras que atribuímos a otras personas van a determinar el modo en el que nos relacionamos con ellas. Si el significado que estamos otorgando a una palabra utilizada para describir exclusivamente a las mujeres de forma despectiva y derogatoria, entonces estos significados afectan cómo nos relacionamos con las mujeres en esta realidad que creamos. 


¿Quienes eran realmente las brujas? ¿Eran mujeres que se dedicaban a la brujería, o simplemente mujeres adiestradas en la práctica de la medicina natural? ¿Eran mujeres que cometían actos criminales en contra de la voluntad de otros sujetos, o eran mujeres que, por ejemplo, facilitaban abortos con el consentimiento de otras mujeres cuando estos se requerían?


En esta monografía pretendo arrojar luz sobre el término “bruja”: su origen, su desarrollo, su uso a lo largo de la historia y su impacto en la mujer empoderada dentro de una sociedad patriarcal. Utilizaré textos religiosos, históricos, biográficos y de naturaleza feminista para analizar cómo el término ha sido utilizado para oprimir, discriminar, y marginalizar a la mujer a lo largo de la historia.


Marco Teórico


Quiero iniciar definiendo lo que es el psicoanálisis relacional y cómo aborda las dinámicas interpersonales y la sexualidad, y para ello me guiaré por las definiciones entregadas por la Doctora Jessica Benjamin, psicoanalista y teórica psicosocial estadounidense. Utilizaremos su obra The Bonds of Love: Psychoanalysis, Feminism, & the Problem of Domination" (Los vínculos del amor: psicoanálisis, feminismo y el problema de la dominación), publicada en 1988 (p.10-15).


El Psicoanálisis Relacional es una corriente dentro del psicoanálisis que se desarrolló como una evolución de las ideas freudianas tradicionales. Se centra en la importancia de las relaciones interpersonales. A diferencia de las perspectivas más clásicas del psicoanálisis, que a menudo ponen énfasis en los aspectos intrapsíquicos, el psicoanálisis relacional destaca la influencia de las experiencias relacionales en la formación de la psique. 


En relación con la sexualidad, el Psicoanálisis Relacional considera la sexualidad como parte integral de la vida emocional y relacional. Examina cómo las experiencias tempranas y las relaciones afectivas impactan la formación de la identidad sexual y cómo estas influencias pueden manifestarse en la vida adulta, incluyendo la expresión de la sexualidad y las dificultades relacionadas con ella. En otras palabras, la forma en la que nos relacionamos con el resto nos define y nos moldea en muchos sentidos, y la forma en la que somos percibidos por otros puede afectar cómo nos vemos a nosotros mismos y cómo nos relacionamos con el resto. 


Ya establecimos que el contexto en el que vivimos hoy es el de una sociedad patriarcal, altamente machista, sexista y misógina. Esto inmediatamente significa que nacer mujer condiciona a la persona a una posición de inferioridad con respecto al hombre. El género, el cual puede entenderse como una colección de reglas no escritas pero claramente establecidas en la sociedad, indica a una mujer o a un hombre cómo deben comportarse dentro de dicha sociedad. Esto también afecta la forma en la que la mujer se relaciona consigo misma y con su entorno.


La mujer aprende a temprana edad a ser callada, “bien portada”, “sumisa”, “femenina”, “respetuosa”, “amorosa”. No se celebran atributos como la elocuencia, la asertividad, la honestidad. Se celebran las “virtudes” que llevan a la mujer a ser la menor incomodidad posible para sus pares masculinos. Y esto no permite un desarrollo pleno de su personalidad ni sus atributos naturales.


Dentro del contexto de la sexualidad, no se hablaría de la sexualidad de las mujeres si no se mencionara el ciclo menstrual. El ciclo menstrual, entiéndase por ello la fluctuación sana de niveles hormonales en respuesta a procesos internos y externos de la mujer provocando la ovulación y subsecuente menstruación, afecta el estado de energía, el estado de ánimo, las ganas de socializar y el deseo sexual de la mujer, entre muchos otros factores. Y sin embargo, la mayoría de las mujeres no conoce o entiende su ciclo menstrual (6). 


El ciclo menstrual entrega a la mujer la capacidad de engendrar y sostener la vida. Ella es capaz de regirse por su ciclo menstrual para entender sus procesos energéticos y biológicos (5). Sin embargo, estas capacidades han sido enmarcadas como desventajas por mucho tiempo, atribuyendo al ciclo menstrual características negativas como sucio, vergonzoso, e inconveniente. 


En los 1700, cuando una mujer presentaba señales de “histeria” (mejor conocida como cualquier trastorno físico o emocional que presentara una mujer), se le “curaba” por medio de la extirpación del útero y los ovarios. (1 p.123, 141-145, 231-232, 266, 385). En los 1800, el mismo trastorno era “curado” por medio de la mutilación del órgano de placer femenino: el clítoris (1 p.122, 124-128). Hoy en día, cuando una mujer presenta trastornos depresivos, dolorosos o de casi cualquier naturaleza, la “solución por defecto” suele ser la pastilla anticonceptiva oral (o cualquier anticonceptivo hormonal), nuevamente anulando la función sexual y reproductiva de la mujer. 


El psicoanálisis relacional promueve la autonomía y la capacidad de elección consciente en la construcción de la identidad y en la participación en relaciones saludables. Y la verdadera autonomía solo puede existir cuando las decisiones se toman de forma informada y libre de coerción alguna. Si una mujer elige un método anticonceptivo hormonal porque no se le presentó ninguna otra opción, no es una decisión verdaderamente autónoma. Si una mujer es forzada a continuar un embarazo no deseado porque de lo contrario será castigada por la sociedad o la ley, entonces la decisión de continuar el embarazo no es autónoma. Pero ¿cómo se pueden tomar decisiones de forma autónoma en una sociedad que crea un tabú en base a los procesos fundamentales de la sexualidad de las mujeres?


Ahora es cuando volvemos a abordar el tema de la palabra “bruja”. Las brujas como concepto general han existido desde el principio de la historia de la humanidad. Sus atributos varían y han variado según la cultura, las concepciones religiosas de sus seguidores o persecutores, etc. Pero fue gracias al cristianismo medieval que tenemos el concepto actual de bruja, el cual es reconocido de forma universal. Y es debido al concepto cristiano de celibato que se asocia a la bruja como una mujer obscena, grotesca y llena de maldad (3).


En una sociedad donde la mujer debe ser callada, recatada, sumisa, y donde su sexualidad debe existir solo en un contexto donde existe para el placer y la satisfacción de un hombre (4), es lógico que se demonice a la mujer que se ríe fuerte, habla con libertad, ejerce y demanda sus derechos y expresa su sexualidad de la forma que solo a un hombre se le permite, en otras palabras: a la mujer feminista. 


¿Qué es lo que hacían las brujas exactamente? A continuación comparto un fragmento del texto “Ritos de Vida y Muerte: Brujas y Hechiceras”, el cual habla de la persecución de mujeres acusadas de “hechiceras” en Chile. 


“Corría el año de 1579 y encontramos el proceso seguido a María de Encía. María era natural de Bayona, en Galicia, y vecina de Santiago, casada con Gonzalo de los Ríos. Estuvo presa con secuestro de bienes por el Santo Oficio. Se le acusó de haber dicho: " ... que si una mujer casada ó doncella se sentía preñada y no de su marido, por encubrir su fama podía matar a la criatura en el vientre ó tomar cosas con que la echasen” y de haberse quedado con esa opinión aunque se la hubiera reprendido por haber pronunciado esas palabras.” (2)


Esta mujer fue acusada de bruja por tener la opinión de que una mujer embarazada que no deseaba continuar el embarazo, abortara. Otro grupo de mujeres descritas como un “aquelarre de histéricas”, son las mujeres sufragistas del siglo XX. Estas mujeres feministas demandaban derechos que solo eran disfrutados por los hombres de la época. Y cuando ellas se manifestaban, eran violentamente agredidas, torturadas, violadas, encarceladas y asesinadas (1 p.181-189)


En el año 1485, Heinrich Kramer fue un conocido inquisidor de la iglesia católica. Persiguió y apresó a muchas personas (en su mayoría mujeres) por cometer actos de “brujería”. Kramer declaró que “Es la regla general que todas las brujas han sido esclavas desde jóvenes de la lujuria carnal en varios adulterios, tal como nos enseña la experiencia” (1 p. 56). Una de las mujeres a quienes apresó se llamaba Helena Sheuberin. Se le acusaba de enfermar a una mujer para quitarle el marido. Entre las acusaciones de magia y hechicería, lo único que era un hecho era que Helena había cometido adulterio, pero ese es el punto: el mismo adulterio ya era considerado brujería (1 p. 56) pero solo cuando lo llevaban a cabo las mujeres. 


Kramer también declaró en su momento que “nadie daña más la fé católica que las matronas” (1 p. 58). Lo cual tiene sentido, porque si los hombres son quienes controlan la matriz y la salud de las mujeres, entonces los hombres son quienes tienen el poder sobre las mujeres. Pero cuando una mujer se arma de conocimiento médico y entrega cuidados a otra mujer, se vuelve peligrosa, se vuelve una amenaza: se vuelve una bruja. 


También se ha llamado brujas a las mujeres que tenían una fuerte conexión con la naturaleza. “Las mujeres que se han dedicado más profundamente a las labores de sanación han sido asociadas popularmente a prácticas “oscuras” de hechicería o brujería” (7 p. 22). “”Ellas fueron las primeras médicas y anatomistas de la historia occidental. Sabían procurar abortos y actuaban como enfermeras consejeras. Las mujeres fueron las primeras farmacólogas, con sus cultivos de hierbas medicinales (...). Durante siglos, las mujeres fueron médicas sin título. (...). La gente del pueblo las llamaba “mujeres sabias”, aunque para las autoridades eran brujas o charlatanas”” (7 p.  22)


Finalmente el término bruja ha sido siempre utilizado de forma arbitraria a lo largo de la historia con un solo propósito: desacreditar a una mujer que está comportándose como un hombre. Tener conocimiento médico, expresar una opinión públicamente, poder disfrutar de la propia sexualidad y ejercer el control sobre el propio cuerpo son derechos reservados para el hombre, y cualquier mujer que se salga de ese esquema es una bruja, y será tratada como tal. 


Conclusiones y Reflexiones


En conclusión, las brujas eran mujeres que, al igual que las mujeres de la actualidad, se veían sujetas a las imposiciones de su género y se negaban a mantenerse en esa posición de inferioridad, de una forma u otra. Hoy en día, las mujeres se auto-atribuyen el título de bruja para honrar a esas mujeres ancestrales que sufrieron en nombre de la igualdad. 


Las brujas de hoy son “las nietas de todas las brujas que nunca pudieron quemar”. Son mujeres que están en conexión con la naturaleza, con el ciclo menstrual, con la sexualidad, y con ellas mismas. 


Si el lenguaje crea realidades, entonces la redefinición de la palabra bruja es un paso fundamental para el avance de la brecha de género en nuestra sociedad. Y si ser bruja significa ser una mujer de libre pensamiento con fuertes opiniones y una voluntad de hierro para lograr la igualdad entre ella y los otros humanos en este planeta: entonces díganme bruja. 



Bibliografia


  1. Gleghorn, Elinor (2022). Enfermas: Una historia sobre las mujeres, la medicina y sus mitos en un mundo de hombres.


  1. Montecino, Sonia (1994). Ritos de Vida y Muerte: Brujas y Hechiceras. (p.10)


  1. Madox Hueffer, Oliver (2016). The Book of Witches. (p.45-46)


  1. La Santa Biblia, versión Reina Valera 1960 (Génesis 3:16, Levítico 20:10, 1 Corintios 14:34)


  1. Gray, Miranda (2008). Las 4 Fases de la Luna Roja: Cómo sacar el mejor partido a cada fase de tu ciclo menstrual. (p.11-12)


  1. SERNAC (2021). Informe Estudio Gestión Menstrual (p.51-53)


  1. Pérez, Pabla; Cheuquelaf, Inés; Cerpa, Carla (2021). Del Cuerpo a las Raíces: Uso de plantas medicinales para la salud sexual y reproductiva de las mujeres.


 
 
 

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